dissabte, 19 de juliol de 2014

EL VOTO Y LA PIEDRA



El 22 de agosto de 1914, el día se levantó nublado. Cuando se desvaneció la niebla miles de soldados franceses cargaron frontalmente contra las líneas alemanas en Alsacia. La infantería, con llamativos uniformes rojos y gorras azul cielo, y la caballería sable en mano y con corazas relucientes como en una estampa de las guerras napoleónicas. Pero no estaban en 1814, sino en 1914, y delante tenían posiciones defendidas por ametralladoras capaces de disparar 500 balas por minuto y por cañones con bombas de fragmentación que estallaban en el aire y esparcían miles de fragmentos letales de metralla. En pocas horas habían muerto más de 20.000 jóvenes. Los generales de la época siguieron insistiendo en las cargas a la bayoneta contra posiciones fortificadas con el resultado de millones de muertos en cuatro años de carnicería.

Cien años después los que se cuentan por millones son los parados que son víctimas de la misma miopía y de la fe mesiánica en “la idea” que no se puede equivocar nunca. Y “la idea” hoy día es la santísima trinidad del capitalismo liberal: desregulación, privatizaciones y recortes sociales. Ya sabemos todos a dónde nos ha llevado este camino, a un aumento sin precedentes en democracia de la pobreza y de las desigualdades en nuestra sociedad. Sería razonable pensar que la alternativa socialdemócrata y socialista, la única que combina la libertad y la igualdad, tiene más vigencia que nunca. Sin embargo, la verdad es que para millones de personas –y las recientes elecciones europeas así lo constatan- no es así. En unos casos vemos el resurgimiento con fuerza de opciones xenófobas, cuando no directamente racistas, que atribuyen todos los males nacionales a los “venidos de fuera”, mientras que en otros casos plataformas articuladas en torno al líder mediático de turno prometen demagógicamente subidas de sueldo y de pensiones superiores al 20% que saben imposibles, burlándose así de la angustia y del dolor de las personas que están en el paro.

Tenemos que revitalizar nuestra esencia socialdemócrata, debemos de ser capaces de enderezar el control que la economía ejerce sobre la política y ser inflexibles en la defensa de un modelo de protección social que evite que ninguna persona quede abandonada a su suerte en manos de las exigencias de los “mercados”. Hay que evitar que la fiscalidad recaiga sólo en las rentas del trabajo y la economía productiva en vez de gravar la economía especulativa.


Tengo la convicción de que tenemos que recuperar como sociedad el sentido de la medida y garantizar la igualdad de oportunidades real. No puede ser que decenas de miles de familias tengan a todos sus miembros en el paro y no perciban ninguna prestación, ni subsidio, ni ayuda, mientras, en el otro lado de la galaxia social, los altos directivos de las empresas que cotizan en el IBEX-35 ganen más de 30 millones de euros anuales en retribuciones salariales. ¿Qué sentido tiene esto? La acción política era y es la única vía para transformar la sociedad. Rearmémonos ideológicamente, seamos nosotros mismos y volvamos a llenar las urnas con votos para cambiar Catalunya, España y Europa sin falsos atajos. Sólo así seremos capaces de garantizar el máximo bienestar social posible en el marco de la máxima libertad creativa y, sobre todo, acabaremos con estos niveles intolerables de pobreza y de paro que son una vergüenza colectiva para todos.       

Article de Josep Fèlix Ballesteros publicat a La Vanguardia 

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